domingo, 15 de noviembre de 2015


THE  BOONDOCK SAINTS


Titulo original: The Boondock Saints
Año: 1999
País: Estados Unidos
Dirección: Troy Duffy
Guión: Troy Duffy
Reparto: Sean Patrick Flanery, Norman Reedus, Willem Dafoe, David Della Rocco, Bill Conolly. 

Da gusto echar mano a la estantería y revisar una de esas películas que ves cada cierto tiempo y que siguen llenándote tanto como el primer día. Y recuerdo bien aquella primera vez que vi  The Boondock Saints, algo así como Los Ángeles Del Quinto Pino y que aquí se llamó simplemente Los Elegidos. Era en esencia otra historia de justicieros urbanos, de héroes del pueblo y delincuentes a ojos de las autoridades (Aunque aquí se rompe en cierta manera esto ultimo). El caso es que en aquel tiempo me cautivó, a mi que siempre había sido fan  de la figura de El Castigador o Paul Kersey, el justiciero encarnado por el legendario Charles Bronson del que también se hace una entrañable coña en este film. 


Los hermanos Connor y Murphy McManus son un par de vecinos de Boston como tantos otros, honrados trabajadores que siempre andan de buen humor y caer bien a la gente, algo que trasciende hasta el espectador en apenas un par de minutos. Un día, mientras celebran San Patricio, el dueño de su tasca favorita informa a los parroquianos de que debe chapar el negocio debido a las presiones de la mafia Rusa que trata de despejar la zona de cara a intereses de terceros que buscan construir edificios. Esto lleva a una pelea tras la cual varios matones terminan muertos y sus ejecutores, los hermanos McManus, convertidos en una suerte de héroes que tras una epifanía toman la misión de erradicar la maldad que azota en cada rincón. 


La limpieza de los McManus convertidos en los temibles ejecutores de las manos tatuadas con el ya mítico veritas (verdad) aequitas  (justicia) es seguida de cerca por nuestro querido y siempre competente Williem Dafoe, quien interpreta a un detective gay que detesta a los gays, y eso es solo uno de los puntos de humor, en ocasiones negro, que impregna el metraje cuando lo permiten  sus set pieces de acción. Son una serie tiroteos nada desdeñables con sus giros, su cámara lenta y sus chorretones de sangre los que filma Troy Duffy, un tipo que jamás había rodado nada antes, y de hecho salvo la tardía secuela  de la propia película nada ha vuelto a hacer. 



Cuentan que Duffy escribió el guión de calentada tras presenciar cierto hecho en el bar donde trabajaba y sin experiencia alguna se puso manos a la obra logrando un guión que pasó por varias manos y que en principio iban a protagonizar Mark Whalberg y el entonces rompedor a causa de Blade Stephen Dorff. Finalmente tras salirse de negociaciones con Miramax, Franchise Pictures lanzó el film. Poco tiempo, casi nulo en cartelera y contadas salas de cine albergaron la proyección de una película que la critica no trató bien hasta que poco después hizo dinero con el mercado domestico  y el boca a boca hizo de The Boondock Saints la película de culto que es hoy y que por lo general gusta mucho mas que menos pese a no ser excesivamente conocida. 


Divertimiento de acción, colegueo y humor, obra de culto mas que merecido y buen exponente del cine de justicieros urbanos con dos héroes con la verdadera justicia  y la palabra de Dios por bandera en Boston como telón de fondo, y que aunque bien es cierto que fuera de sus fronteras hay ciertos  puntos que se escapan (Vale la pena investigar quien fue Kitty Genovese y a que viene a cuento lo de que de tanta culpa tiene el que mata como el que tira por la pata) tiene que ser disfrutada. ¿Respecto a su secuela? Pues si bien es cierto que ni es tan buena y que es tardía lo cierto es que merece mucho la pena, es como un caramelo para los incondicionales de la original y ya puestos no me disgustaría ver una tercera parte  para dar carpetazo. Tiroteando como a perros a unos cuantos fundamentalistas islámicos estaría de puta madre.  
Por cierto la pieza central de su banda sonora, llamada The Blood Of Cú Chulainn no puede dejar se ser escuchada, y de paso leerse la historia de Chulainn tampoco, impresionante. 
Ah y para quienes se flipan tanto con Norman Reedus en TWD elevándolo a la categoría de semidios, el mola mucho si, pero por ser Murphy McManus, no por un gay reprimido ballesta al hombro en la peor adaptación jamás realizada de un cómic con permiso de la futura Predicador, como no de la misma cadena, la puta AMC. 

Catolicismo irlandés en forma de plomo. 


TRAILER